Con la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno en Italia, los Alpes vuelven a estar en boca de todos. Cortina d’Ampezzo, sus montañas, su nieve. Hoy pensamos en esquí, en turismo, en el brillo de los grandes eventos. Pero durante siglos ese mismo paisaje fue otra cosa: una red viva, esencial, por donde se movía buena parte del comercio europeo.
Antes de que hubiera túneles, autopistas o trenes, los Alpes se mantenían y se vigilaban. En invierno, lejos de detenerse, las rutas seguían activas y en uso.
¿Sabías que…
En los Alpes orientales, el invierno no bloqueaba el comercio, lo reorganizaba?
En torno a Cortina d’Ampezzo, las comunidades locales se regían por las llamadas Regole, instituciones de autogobierno que gestionaban de forma colectiva bosques, pastos y caminos. Dentro de ese sistema existía la ruota, un mecanismo rotativo de trabajos obligatorios por familias, activado cada vez que una gran nevada alteraba los pasos. No se trataba de limpiar la nieve, sino de compactarla. Pisar, batir y señalizar los caminos para convertir la superficie helada en una vía estable para trineos de carga.
Aquella nieve trabajada reducía la fricción, permitía transportar más peso con menos esfuerzo y hacía el trayecto más previsible que en primavera u otoño, cuando el barro volvía intransitables muchos caminos. El carro dejaba paso al trineo, y la ruta seguía viva.
Cortina no era un enclave aislado. Formaba parte de la Strada d’Alemagna, uno de los corredores que conectaban Venecia con el mundo germánico. Por ahí circulaban madera, hierro, sal, tejidos y mercancías que alimentaban el comercio veneciano más allá del Adriático. Si ese tramo fallaba, no se detenía toda Europa, pero sí se resentía una arteria clave del sistema comercial de la Serenísima, especialmente en los meses en los que el mar se volvía inseguro.
Nada de esto era improvisado. Las Regole fijaban turnos, sanciones y responsabilidades. El invierno no se combatía, se planificaba. La nieve dejaba de ser un obstáculo para convertirse en infraestructura temporal.
Deslizar, más eficiente que rodar
Durante siglos, en muchos pasos alpinos bien gestionados, el trineo no fue una solución de emergencia, sino una elección técnica. Mientras las ruedas se hundían en caminos blandos, la carga deslizaba sobre nieve compactada con mayor regularidad y menor desgaste animal. No era romanticismo de montaña, era cálculo logístico. En un mundo sin motores, entender el terreno y el calendario era tan decisivo como hoy lo es elegir el modo de transporte adecuado.
Esa forma de entender la logística no es tan distinta de la actual. Cambian los medios, las tecnologías y las rutas, pero la clave sigue siendo la misma: comprender el contexto antes de actuar. En https://nolivea.com/ trabajamos cada día con esa misma lógica, adaptándonos a entornos que nunca son estáticos.

