Paralización de las rutas energéticas y logísticas en el Estrecho de Ormuz

El Estrecho de Ormuz atraviesa una situación de cierre de facto tras la escalada bélica entre Estados Unidos, Israel e Irán.
El tráfico marítimo ha caído cerca de un 97% y al menos 16 buques han sido atacados desde el inicio del conflicto, lo que ha elevado de forma drástica el riesgo operativo en toda la zona.
La interrupción afecta especialmente al Golfo Pérsico, una región que mueve alrededor de 33 millones de TEUs al año. Hubs clave como Jebel Ali o Khalifa Port han visto paralizada gran parte de su conectividad marítima, mientras entre 156.000 y 204.000 TEUs de capacidad portacontenedores han quedado atrapados en la región.
Las navieras se ven obligadas a abortar itinerarios y desviar cargas hacia hubs alternativos como Salalah, Colombo o Singapur, generando presión adicional sobre la red marítima global. Las consecuencias trascienden el transporte marítimo. Por Ormuz transita normalmente cerca del 20% del petróleo y del GNL mundial, lo que ha impulsado el Brent cerca de los 100 dólares por barril y ha elevado el precio del gas en Europa más de un 50%.
El estrecho también es una arteria clave para el comercio de productos petroquímicos, fertilizantes e insumos industriales, por lo que su bloqueo amenaza con tensiones en sectores agrícolas, químicos y manufactureros.
A ello se suma el encarecimiento extremo de los seguros marítimos y el desvío de cargas hacia el transporte aéreo, lo que multiplica los costes logísticos y amplifica el impacto de la crisis en las cadenas de suministro globales.

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